Mamá;
Y como madre abnegada, siempre preocupada si nos alimentabas bien, si nos lavábamos los dientes, o cuando una vez sostuviste mi cabeza con tu mano para que yo durmiera durante todo el camino de los Ángeles a Laja. Y siempre más liberal que mi papa para los permisos.
También le tenias miedo a los barcos, tanto que recuerdo que no querías hacer el viaje en transbordador de Chaitén a Chiloé, aunque finalmente nos acompañastes por miedo a que nos pasara algo y era mejor que estuviéramos todos juntos.
Conocida por la familia como la flaca potoloco, media locately, que dejaba cosas olvidadas por ahí.
Te encantaba el jardín y las flores, te sabias todos los nombres de los árboles y si no, los inventabas.
Te guardabas las servilletas en la manga, como las abuelitas para tenerla siempre al alcance de la mano, aunque la tila te retaba.
Te encantaban las ofertas, sobre todos aquellas que decían todo a 500!, a pesar de comprar cosas inútiles que se dañaban rápidamente, a veces le diste en el calvo, como cuando compraste un árbol de navidad gigante, después de navidad, o la cortadora de pasto cuando aun no teníamos pasto.
Te gustaba salir de vacaciones y siempre fue tu sueño ir a Europa, la historia siempre te atrajo y eras una devoradora de libros, pero un poco insoportable cuando no podías parar de leer, se te olvidaba el mundo.
También te encantaba bailar todo tipo de música, con tu típico paso de baile, hasta bailabas a la Cristel con el tema mueve el ombligo oh oh oh!. Y cantar las canciones de los panchos, de Raphael y la inolvidable Carmen que hacías a dúo con mi papa cuando íbamos de viaje.
Puede sonar feo esto, pero siempre nos reíamos contigo, de lo que hacías o decías, nos divertíamos mucho. También nos ponías en jaque frente a mi papa, cuando debíamos decir algo que seguramente no iba a gustar y decías: “ Isnar, la Alejandra te tiene que decir algo…..” ………..
Siempre te gusto lo natural, nos dabas las pelotitas de homeopatías para todo y eras muy creyente de Dios, leías la biblia todos los días e ibas todos los domingos a misa, mucho tiempo intentaste llevarnos obligados, hasta que te rendiste con nosotros. También recuerdo que cuando estábamos enfermos nos untabas con aceite en forma de cruz para que nos mejoráramos.
Tú nos inculcaste el amor a Dios, a la Virgen y al prójimo, siempre pensando en los demás y en los menos afortunados. Eras una luz en nuestras vidas que aun sigue iluminando nuestros corazones aunque ya no estés con nosotros.
Podrías escribir un libro describiendo las pequeñas cosas que te hacían única pero que se haría interminable, este es solo un pequeño recuerdo cuando se acerca tu cumpleaños.
